Girado Mirta 2022-08-28Buceando en los recuerdos: una familia, un diario... historia viviente
En este domingo soleado, Mirta Girado, nuestra miembro emérita, nos comparte parte de sus raíces, hermosa historia de su abuela, compañera del fundador de “La Voz de Monte”. La enseñanza de estas bellas palabras es la siguiente: qué importante es tener la compañía adecuada para emprender hazañas en este caminar que se llama vida.

El 31 de agosto de 1959 exhalo su último suspiro, doña Micaela Zaldívar de Girado, propietaria de la Voz de Monte.
Había nacido en Chascomús el 18 de agosto de 1861 y era hija de dos arraigados vecinos de aquella zona rural bonaerense, don Juan Candelario Zaldívar y doña Matilde Díaz de la sociedad chascomunense.
Al decir de mi padre don Pedro Girado: “los primeros años de la vida de quien habría de ser la propietaria de La Voz de Monte, transcurrieron en predios rurales: allí vivió en las añejas estancias de su padre.” La Diana y La Candelaria” de Chascomús; guardaran aún en el majestuoso silencio de sus frondas algo del espíritu de aquella niña bonita y jovial que había de cautivar el espíritu de aquel periodista romántico y soñador que fue don Juan Crisóstomo Girado con quien habría de compartir 41 años de matrimonial y dulce compañía…
“Alentado siempre por quien fue una mujer excepcional, don Juan C Girado, fundo en 1910 “La Voz de Monte”
Este diario tuvo en ella un símbolo que se trató en reliquia a medida que su ancianidad avanzaba y su amor se adentraba más aún en quienes continuaban su obra, rindiendo así el homenaje silencioso y conmovido a aquella pareja de soñadores que dio vida a estas páginas y las mantuvo como luminosa antorcha en busca de un porvenir nuevo y más venturoso para todos.
La abuela Micaela tuvo una existencia privilegiada y una vejez plena de afectos de sus hijos, nietos y bisnietos. Sus hijas Noemí (mamita) y Raquel (paloma) cuidaron de ella permanentemente en la casa de la calle ex Mitre. Ya la recuerdo tocando el piano a sus largos 97 años de vida. Como escribió mi padre, que era un poeta: “para vivir tuvo la apacibilidad melancólica de un crepúsculo otoñal para morir, la belleza pálida de una luna que se hunde serenamente en el mar”. Porque así se fue de nuestro lado, hundiéndose mansamente, quedamente, resignadamente en el abismo inescrutable de la muerte.
Gracias, Bautista, por acompañarme a hurgar en los recuerdos de las páginas amarillas de “La Voz de Monte” y recordar los sucesos de la familia Girado que vos como tataranieto tan bien los publicas en el periódico digital. ¡Gracias por continuar esta labor periodística familiar!
